martes 13 de mayo de 2008

Antes y después de la destrucción de Heilbronn


¿Y qué me dices del fantástico edificio de nuestro ayuntamiento, construido en 1540, con su reloj astronómico y la doble escalinata de acceso? También a este edificio tuvimos que acudir innumerables veces para todos los trámites que tuvimos que hacer, por ejemplo, cuando me casé con la pobre Henriette, o cuando registré a mis hijos Karl y Hannelore, o cuando tuvimos que tramitar los papeles de nuestra pequeña fundición a orillas del Neckar. ¡Qué tiempos! ¡Cuán alegres eran nuestros días, y despreocupados y llenos de placeres! ¿Quién nos iba a decir a nosotros que todo terminaría con la destrucción y la muerte? ¿Quién? Y de habérnoslo dicho, ¿acaso le habríamos creído, no le habríamos tildado de loco y demente, de visionario? Pero ya entonces había indicios de lo que tenía de pasar y que ni tú ni yo, como nadie que nosotros conociéramos, supimos interpretar.