viernes 16 de mayo de 2008

Antes y después de la destrucción de Heilbronn


¿Recuerdas el monumento de Robert von Mayer en la plaza del Mercado, frente al ayuntamiento? ¿Recuerdas sus escalinatas y las tardes de domingo en que nos sentábamos allí a ver pasar a las chicas de la ciudad? Por aquellos años tuvimos que estudiarnos la obra de Mayer El movimiento orgánico y todas sus teorías sobre el movimiento perpetuo y el principio de conservación de la energía. ¿No es verdad que también nosotros estábamos como poseídos por ese afán de movimiento perpetuo? ¿No es verdad que bromeábamos al respecto en el escenario de esa plaza, cuando los domingos intentábamos conversar con las muchachas dando vueltas y vueltas entorno suyo, sin cansarnos, trasformando nuestra juvenil energía en palabras y gestos galantes? Quizá fueron los mejores momentos de mi vida, quién sabe, con 16 años y todo un futuro por delante. Quizá también lo fueron para ti, mi querido Karl.

1 comentarios:

Jordi Canals dijo...

Antonio; vuelvo a tu blog y a las ideas percibidas a través de tu Fotorelato sobre Heilbronn. Sigo evocando lejanos recuerdos invadido por la nostalgia. En una de mis novelas transcurren una serie de acciones que se situan en Wuppertal; ciudad que también fué destruida i que, afortunadamente, torna a estirar su prosperidad en el lecho de un estrecho valle. El tren colgante coquetea su modernidad con las calles de los encuentros, y como en Heilbronn, el rio cruza la ciudad verdeando hasta alcanzar su intenso azul. Siempre me han gustado las ciudades con extensos y caudalosos rios.
La historia que yo escribo parte de una cierta realidad y sirve, como suele pasar muchas veces, para desarrollar escenas de ficción. La anatomía de aquella alemana trastornaba a cualquiera; sus ojos almendrados, la armonía de su cara, los matices de su cabello rubio, la voz grave. Todo en ella era loable. Sin embargo, de este realto aprendí que las cosas evidentes, con el tiempo, suelen pasar desapercibidas. Recuerdo mis ridiculas primeras frases en alemán "Guten Tag, Guten Abend, Wie geht es Ihnen?".
Mientras me esforzaba, a lo lejos se adivinaba la primera espesura del bosque; el bosque de las canciones y de los enamorados. En este entorno de ciudades alemanas como Heilbronn y Wuppertal, la gente perpetúa las tradiciones de sus antepasados y vive en la absoluta calma, gozando de su libertad y de su tiempo libre. Las relaciones son relajadas, impera un gran respeto por el horario de trabajo y las cenas se adornan de matices y gestos que estimulan la amistad y la atmosfera de intimidad.
Este bienestar nostálgico nos acerca al desafio que impone el reloj segundo a segundo, dejando constancia de como, en la vida, se suceden las casualidades. Por ejemplo, en Salou, no hace mucho se celebró una Bienal Internacional sobre "El món de l'Esmalt" donde participó una distinguida artesana: Hiltrud Blainch de Heilbronn.