Archivo de la Categoría “Excursión a Europa”


Impresiones: las carreteras de Francia magníficas, más que las italianas, aunque en Italia tienen autoestradas (donde se tiene que pagar para pasar por ellas) que son las carreteras de Francia simplemente, pero donde se puede correr de veras sin sentir miedo, confiadamente. La vida carísima. En Francia la carne está en las calles en refrigeradoras, hermosísima, pero a 950 francos el kilo y la fruta preciosa en sus cajas tan bien colocadas pero los melocotones a 270 francos el kilo y así todo lo demás. Lo bueno carísimo, lo malo no lo hemos visto. Las flores son la belleza de todos los puntos y están en todas partes, preciosas, bien colocadas, pero a precios que dudo que la gente humilde pueda tener un manojo de claveles en su mesa. Ahora las fotografías hablarán mejor de todo. Los retretes, según Flora, que es quien más sabe sobre el particular, mucho mejor en Francia, ya que en Italia solían estar sucios y sin papel. Nuestras horas felices y llenas de risas fueron el idioma que mezclábamos siempre, sobre todo en las comidas y en los viajes en automóvil. De todo queda el mejor recuerdo, y sirvan estas letras para recordarlo también en el futuro, cuando la memoria flojee y sea necesario recurrir a ellas y a las fotografías.

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Y terminó la excursión haciendo de un tirón los kilómetros hasta casa. Pasando los Alpes italianos, preciosos, comiendo en una de sus casillas amables y acogedoras, durmiendo en Francia ya en lo peor de toda la excursión, una fonda indecente pero que por ser ya las once de la noche y como estaba por lo menos limpia, allí nos quedamos ya que no teníamos previsto esta noche por ser ya pasada debido a la avería del coche. Ese mal recuerdo queda en el olvido, procuraremos no pensar en él, aunque lo pongo para saber que no se puede ir por el mundo sin previo alojamiento. En Perpiñán nos detuvimos a comer y compramos algunas cosillas que no faltaban en nuestros deseos. Nos cogió como a la ida una tormenta de agua y esta vez con electricidad y todo, tuve un miedo espantoso entre sus montañas, pero a pesar de todo emprendimos la marcha hacia casa donde llegamos a las doce de la noche. Francisco hijo llevó el coche estupendamente y cuando llegamos a Barcelona se estropeó otra vez por el mismo sitio, que luego los hombres se quejaban del mecánico italiano que a nosotras nos pareció tan buena persona, pero ya no sentimos cuidado alguno y nos queda de todo el más hermoso recuerdo.

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De Milán otra vez a Piacenza para ir en busca de nuestro coche. Pero nos encontramos con que por ser una avería importante no se han atrevido a hacerla sin consultar. Así se ha tenido que coger la culata del motor, mandarla a Milán porque en Piacenza no hay soldadores, y esperar durante dos días para terminarla. En esos días no hemos hecho más que vagar… Francisco se marchó a ver unas fábricas en Torino ya que llevaba bunas cartas de su fábrica de Barcelona, quedando en que vendría a buscarnos por la noche. Como Francisco es muy despistado, se marchó sin pasaporte. Se lo hemos mandado al hotel de Torino, pero Francisco regresó sin él, no se lo habían dado. Ahí tenemos otro conflicto. Conferencias, llamadas, etc, etc, hasta que al fin localizado quedamos en que iremos a Torino todos a recogerlo. A partir de ahora ya con nuestro coche, hacia Torino a buscar el pasaporte que al fin encontramos y ya de regreso a casa. Me olvidaba. Mientas estábamos en Piacenza hemos estado en un pueblecito a 15 kilómetros (para pasar el tiempo) medieval por completo. Las fotografías dirán de él más que puedo decir yo y así pudimos pasar una mañana agradabilísima haciendo fotos y mirando cosas bellas. Aquí no estuvo Francisco que estaba en Torino.

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Desde allí con tan hermosos recuerdos a Milán que llegamos a media tarde. Milán es una gran ciudad parecida a Barcelona, donde se viste bien, se calza mejor y hay hermosas mujeres, hermosos escaparates (ya que en el extranjero casi todo la mujer se viste de ropa ya confeccionada, así hay trajes desde al cambio pesetas 170 hasta 3000) y todo a lo grande aunque sus precios sean inasequibles para nosotros, porque están por las nubes. Da gusto sentarse en un café y ver pasar a las chiquillas con unos tacones de 10 centímetros finísimos y contoneándose de lo lindo… pero no chabacanamente ya que dejo dicho que donde he visto mejor vestida a la mujer es en Milán. Y de eso pueden dar testimonio los hombres, que estaban entusiasmados con las milanesas y decían que de verdad sus vestidos eran de primera, que nosotras nos sorprendió ese repentino interés de nuestros hombres por la moda, que nunca antes habían comentado. Y luego el problema de los retretes en todas partes. Mi hermana y su calvario, que creo está así desde niña, desde que tenía problemas en el colegio de las monjitas y desde entonces no ha sabido contenerse bien. Y es verdad que tiene problemas de estómago, como yo, pero ella lo exagera todo mucho más.. Y es que cuando tiene un retrete a mano nunca lo utiliza, y cuando carece de él, es como si lo necesitara de golpe, pues siempre se le antoja cuando menos favorables son las circunstancias.

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El lago ya lo dice la palabra es todo belleza, luz, color y el agua azul siempre limpia y transparente… No creo que Suiza tenga nada mejor ya de lo que hemos visto. Tiene una carretera que da la vuelta a todo el lago que es inmenso. En su trayecto los camineros (que les llamamos aquí) tienen el trabajo de limpiar siempre la carretera de todo, incluso de las hojas muertas de los árboles, ya que sus lados son verdaderos jardines de flores durante todo el trayecto de tantos kilómetros. Hay sitios de naranjas y limones que dan un colorido especial además de que calman la sed del viajante aunque este vaya en coche. Lástima que este año con las heladas tan tremendas del invierno no han valido nada ni naranjas ni limones. Los limones le hubieran ido muy bien a Flora, pero qué se le va a hacer si no hay, y los pocos que se ven, arrugados y carísimos que no merece la pena ni pensarlo. De todas formas hermoso el lago y creo que todos ellos los de la Italia, porque el agua, como el verde de sus follajes y el color fuerte de sus casas y sus tejados rojos, y sus flores de mil colores, son para la vista un sedante, un espejismo de belleza y una oración a la creación hermosa de todo ello…

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En Verona tuvimos un hotel en donde el ascensor automático y el hotel una monada verdaderamente, como toda Verona. El mejor después de Mestres (aquel fue una maravilla). Francisco y Agustín y el chico salieron para ir a un cine que creo fue una desgracia, nosotras (yo estaba algo indispuesta, para qué hablar de Flora) salimos solamente a dar una vuelta por las murallas del castillo donde se conserva con sus puentes colgantes grandes para los carruajes y al lado el pequeño para la servidumbre. Todo está tan bien conservado que parece que va a salir por una de sus puertas Romeo o Julieta. Visitamos sus tumbas, sus moradas y sus casas particulares, por lo menos lo que la leyenda dice y lo que a los turistas enseñan, arreglado todo muy bien y dando la sensación de realidad. Tiene una como si dijéramos plaza de toros, enorme, que ellos llaman “arenas” y donde se dice que hacen las representaciones de las mejores óperas del mundo. Además compramos unos platos de postre, 12 servicios con dos platos grandes, dos platitos pequeños para regalar como recuerdos y un jarroncito pequeño, todo de porcelana alemana de Bavaria, que allí está de muy buen precio, puesto todo nos costó 5810 liras, al cambio unas 830 pesetas. Visto toda Verona salimos para los lagos, el primero lago Garda.

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A la mañana siguiente nos fuimos a bañar en el Lido. Es un rincón delicioso para los millonarios, todo un paraíso en limpieza, flores, hermosa playa, rincones deliciosos, etc, etc, y una delicia de arena, de agua y de colorido. Yo me puse el bañador, no así los hombres, que prefirieron tomar algo en los bares de los hoteles, ni Flora, siempre tan rígida ella por si las moscas, que no se atreve a hacer gestos raros, como tumbarse en el suelo, no vaya a entrarle su clásica apretura y todo se vaya al traste, ella siempre sentada o todo lo más de pie apretando por si acaso. En fin, yo ya estoy acostumbrada desde niña así que no le hago mucho caso, no, pero ella siempre demanda su atención. Como todo lo bueno se acaba, y Venecia fue casi lo mejor, pero tuvimos que dejarla después de tres días para dirigirnos a Verona y seguir con los planes. No creo que se me olvide nunca esta bella ciudad, una de las más bellas del mundo, eso dicen, y yo estoy de acuerdo y no me parece exagerado, lo único malo es la cantidad de gente que te molesta por todas partes, en los restorants, en las calles, en los museos aunque no vimos ninguno, en los hoteles, que es el mayor inconveniente que no sé la gente como tiene ganas de venir, pero bueno, siempre merecerá la pena pasar unos días en Venecia.

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Aquel día volvimos a comer en el hotel de Mestre porque estaba incluido en el precio y después de una siesta vuelta a Venecia. Hicimos muchas compras, nos llovió y perdimos una hora en el coche en el puente largo con un embotellamiento que nunca había visto cosa igual en Barcelona, a pesar de ser capital también con muchos coches. Pero así y todo pudimos hacer lo que queríamos. Un paseo en góndola de una hora visitando la tienda de Murano donde compramos unos detallitos para la familia y para nuestros salones. El gondolero no cantaba ni nada, bueno, por decir no dijo ni pío, pero aún con todo resultó un paseo agradable y caro. En la foto, se ve a Flora como siempre muy seria ya que nunca se relajaba, y en góndola menos todavía por la imposibilidad de satisfacer las apreturas si se presentaban. Francisco sale mal a un lado. Y yo sonriendo como siempre para ayudar a Flora y hacerle olvidar sus problemas intestinales, a pesar de que a mí la acidez me comía por dentro.

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Por la mañana nuevamente en Venecia. Todo es tan hermoso que dedicarle letras no tiene importancia. No se me ocurre en realidad qué decir, salvo que hacía mucho calor, que había muchos turistas que todo lo llenaban y nos incomodaban y que los precios eran bastante altos para lo que daban. Los restorantes siempre llenos y caros, casi más que en Francia aunque no se pueden comparar. Está todo pensado para el turista. Pero lo mejor son los canales que como calles recorren la ciudad. Es algo único en el mundo, creo yo, y da gusto sentir el agua que yo pensaba maloliente. A Flora todo esto le da mucho pis, pero como venía ya sobre avisada tampoco sabemos si es un efecto diurético del agua de la ciudad o su propia preocupación, que nunca le abandona. Lo que nunca olvidaremos es el gentío que había por la Plaza de San Marcos y alrededores, que no se podía dar un paso sin pisar a un turista. De todas formas visitamos la Catedral, más hermosa por fuera que por dentro. La Torre del reloj extraña y antiquísima. Otra torre, la más alta donde se sube por lo menos en ascensor la mitad de ella. Tomamos un refresco en la plaza de San Marcos, donde nos preguntaron por nuestra nacionalidad y al servirnos el refresco nos tocaron un chotis. Delicadeza que acostumbran a hacer por lo visto con el turismo pero que nos cobraron 25 pesetas por cada Coca-cola de las mujeres y 50 cada grapa de los hombres. Las atenciones en todas partes cuestan caras.

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Venecia es algo único creo que en el mundo. Todo es distinto a todo, y el agua que según me habían dicho era pudiente y horrible, es la que da toda la belleza al paisaje. No diré que sea clara y hermosa como un río, pero no se siente mal olor sobre todo en los canales grandes y no está sucia ni mucho menos. La ciudad está llena de turistas y esto es uno de los inconvenientes que presenta, siempre hay gente por todas partes lo que a nosotros no nos gusta. Se ven gentes de todas las naciones de Europa y puedo decir que los españoles somos de los más educados y bien vestidos. Se ven extranjeros creo del norte que llevan unos pantalones horrorosos y que lo enseñan todo, sobre todo ellas, las señoras, por llamarlas de alguna manera. La gente creo ha perdido en Europa la compostura, no así las italianas, que van más elegantes con vestidos como nosotras. Y los italianos siempre trajeados que da gusto verlos, igual que nuestros hombres, que dan cien vueltas a los extranjeros. Pero pese a todo Venecia es única en el mundo. Hicimos el día entero y terminamos agotados. Flora siempre quejándose de los retretes venecianos, escasos y sucios. En esto le doy la razón. Y de noche muchas cosas no se destacan pero tiene un encanto especial que no se olvida.

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