Carteles publicitarios en el barrio de Sants, en Barcelona, allá por 1973. De coca-cola no hace falta decir nada, la marca sigue más viva que nunca. Lo mismo sucede con el reloj Times, que se sigue fabricando hoy en día. Sin embargo, el tabaco Mencey, “la perla negra de Canarias”, y que era el nombre por el que se conocía a los jefes tribales de los guanches, hace mucho que se dejó de fabricar y ya solo queda en el recuerdo de los viejos fumadores o de los coleccionistas. Lo mismo pasa con el Austin Victoria, “la belleza en marcha”, que costaba entonces 129.900 pesetas y que, entre sus defectos, se señalaban una suspensión incómoda, una calefacción ineficaz y un limpiaparabrisas mal situado. También queda en el recuerdo. La fotografía no solamente muestra la fantasmagoría de los seres humanos retratados, como ese anciano que caminaba debajo del cartel del Austin, o esa pareja que charlaba junto a una tienda cerrada de tejidos, también la muestra de todos los elementos que recoge, los edificios vetustos, los automóviles aparcados, los carteles de una publicidad periclitada. Aunque también hay supervivientes, como la coca-cola, que con toda seguridad nos sobrevivirá a nosotros mismos, internautas de 2008.
Archivo de Diciembre 2008La catedral, en la foto, estaba situada en la Plaza Victoria y comenzó a construirse hacia 1620 por iniciativa del carmelita Pedro de Carranza. Se levantó sobre el emplazamiento de la antigua iglesia de la colonia y se terminó de construir en 1791. La fachada se debe a Bernardino Rivadavia que trajo de Europa los planos de la Magdalena de París. Un presidiario trabajó el bajo relieve de su frontispicio, por cuya labor mereció el indulto. De nuevo los carruajes en la plaza, una plaza, por otro lado, medio desierta, quizá la fotografía se tomó a primeras horas de una mañana de domingo, como parece deducirse de la luminosidad del documento, de las sombras, de la ausencia de actividad. El fotógrafo debió madrugar ese día, como parece deducirse de esta colección de fotografías. ¿Quién fue? ¿Cómo se llamaba, cuáles eran sus defectos y sus virtudes? ¿Se ganaba la vida bien con esa profesión? ¿Tuvo hijos que recogieron su memoria o, por el contrario, se perdió toda pista sobre él con su muerte? ¿Qué aspecto tenía? No quedó constancia de su físico, la cara, el cuerpo, solamente quedó constancia de lo que sus ojos vieron en el instante justo en que apretó el obturador de la cámara. El bosque recuperado. Pineta recupera arbolado conforme se despuebla. Actualmente, por el abandono de campos, talas, pastoreo, carbón vegetal, etc, se asiste a la lenta pero consistente recuperación del bosque, al menos en Occidente. La actividad humana deja su lugar a la vegetal. De hecho, puede decirse que el estado actual, después de la despoblación provocada por la Guerra Civil, debe ser bastante parecido al paisaje vegetal del cuaternario, después de las glaciaciones. Es por ello probable que en el valle existieran, como ahora, bosques de frondosas, de coníferas y mixtos de coníferas-frondosas. Una lucha desigual se ha producido en el valle entre las especies vegetales, los árboles, y el hombre, que durante siglos fue venciendo en esa batalla, hasta el punto que a finales del siglo XIX y comienzos del XX, más o menos la frontera que establece la Guerra Civil, el valle era de dominio humano y las especies vegetales estaban en franca regresión. Entonces, a Pineta la llamaban la balle berde, el valle verde, no por el color de la vegetación arbórea, como en un primer momento parecería, sino de los pastos de la numerosa cabaña ganadera. Existen fotografías que muestran una Espierba en blanco y negro rodeada de pastos, sin las masas forestales actuales, recuperadas en los últimos sesenta años. En todo caso, en el municipio de Bielsa siempre se ha conservado una importante masa forestal debido a que, entre otras causas, la desamortizaciones del siglo XIX no la afectaron con la misma intensidad que en otras zonas. Mucho montes comunales cubiertos de pinos, hayas o robles de más de 100 hectáreas fueron exceptuados de la desamortización ordenada en 1855. En virtud de las exenciones del Decreto de 22 de febrero de 1862, un total de 7.747 hectáreas de Bielsa se declararon no enajenables. La Plaza Victoria, actualmente Plaza de Mayo, fue una de las principales plazas de la ciudad tanto por su extensión, ya que contaba con 17.446 metros cuadrados, como por su situación frente al puerto, del que la separaba el palacio del Gobierno. Estaba bordeada de edificios monumentales como la Catedral, la Intendencia, los Tribunales, la Curia, el Banco Nuevo Italiano, el Banco de la Nación y la Bolsa. Era continuamente recorrida por tranvías de tracción animal, o tracción “a sangre”, como se decía en esa época, que partían en todas las direcciones. El primer tranvía “a sangre” se puso en funcionamiento en 1869. Me apasionan estas fotografías que retratan la vida cotidiana de una ciudad, el paso de la gente y sus sombras sobre la calzada, los animales tirando de los tranvías y los carros. Un muchacho cruza la calzada con un hatillo de hojas bajo el brazo, quizá era un vendedor de periódicos. Un señor con sombrero de copa pasa frente al tranvía con las ventanas abiertas, dentro del que se intuye la presencia de viajeros. Y los animales cabizbajos, y sus bostas cayendo sobre la calzada, y los barrenderos recogiendo cada día toneladas de mierda de caballos y mulos. Así que plantamos nuestra tienda en medio de la cala el día 15 y desde entonces no hemos parado de bañarnos en estas aguas tan limpias, todo el día Ricardito en el agua que se está poniendo del color del café tostado, como le pasa a Lupe, que enseguida dora su piel porque le encanta estar en bañador. El niño se despierta y se va corriendo hasta el agua para darse su chapuzón matinal, que es una gozada verlo tan despierto y espabilado, tan natural y contento, que a nosotros nos contagia su alegría de vivir desde bien temprano. Yo suelo dedicar algunas horas de la mañana y del atardecer a la pesca con caña desde las rocas, y consigo algunas capturas que nos sirven para completar las provisiones que nos trajimos. Lupe dedica el día a tomar el sol plácidamente tumbada sobre la arena, y ella dice que se encuentra como nunca, sin acordarse de sus ataques de comienzos de año, de nada de lo que dejamos en Madrid, ni de la casa, ni de las preocupaciones cotidianas, de nada. Y tiene razón, a mí me pasa lo mismo y ni se me ocurre llenar la cabeza con las cosas del despacho y los juzgados y demás, que para algo son las vacaciones, para olvidarse un poco de todo y darse tiempo a uno mismo y a la familia. Era el año 1956 y el bar Boston obsequiaba a sus clientes con esta singular participación del sorteo de Navidad, una fotografía de uno de sus camareros sirviendo las raciones en bicicleta y, en la parte inferior, las cinco pesetas que se jugaban al número 13.358. Ese año, como siempre el 22 de diciembre, el día del azar y del comportamiento gregario por antonomasia, y en Madrid, tocó el 15.640, número que volvió a ser premiado en 1978. El 15.640 y el 20.297, que tocó en 1903 y en 2006, son los únicos números que han sido premiados dos veces. ¡Y qué habilidad la de ese camarero que sostiene tres platos en su mano izquierda a la vez que se mantiene inmóvil y en extraño equilibrio sobre su bicicleta! Quizá era la peculiaridad del bar, la manera de atraer a su clientela, esa forma de servir las raciones y las bebidas en la terraza de la calle, el tipo yendo y viniendo sobre su bicicleta para regocijo de la gente, de la chiquillería del barrio, de los satisfechos hombres que se ven a la derecha del encuadre, con sus copas de Tres Onzas, el brandy español, y el sifón a mano. Los inmigrantes llegaban a la ciudad y al nuevo continente por el puerto más antiguo, al que llamaban “el Riachuelo”, de hecho el único que existía en esa época, antes de que se construyera el más moderno Puerto Madero. Era el verdadero puerto de Buenos Aires y allí entraban buques de cualquier porte. Estaba situado al sur de la ciudad y de los barrios La Boca y Barracas, y fue construido en el Riachuelo del mismo nombre, siguiendo sus curvas y dragando hasta 18 pies de profundidad. Como puede verse en esta fantástica fotografía, efectivamente se trataba de un simple riachuelo atestado de buques de todo tipo, todavía de vela, en una época anterior a la generalización de los barcos de vapor. Al fondo, decenas de mástiles de otros tantos barcos amarrados unos a otros. En primer plano, un barco algo escorado y el bote quizá de los antiguos prácticos del puerto. ¿De dónde venía ese buque, quién lo guiaba, qué mercancías guardaban sus bodegas? ¿Qué fue de sus marineros y sus anhelos, de sus proyectos y sentimientos, de sus vidas y sus tumbas? María Ana Quiñónez y Navarro. Actriz española nacida en Alcalá de Guadaira (Sevilla) en 1832 y muerta en Madrid en 1933. Debutó en el teatro en papeles trágicos, pero luego conoció que no eran estos los que más se adaptaban a sus disposiciones artísticas y anímicas, y desempeñó otros, como los de doncella, ama de llaves y camarera, en los que rayó a gran altura, tanto que dícese no ha sido superada hasta la actualidad. Dotada de una rara belleza, de una expresión que encandilaba a quienes a ella se acercaban y de mucho ingenio, fue amante del político Manuel Ruiz Zorrilla, quien la retiró de los escenarios y con quien se dijo que se había casado secretamente. La protección de tan elevado personaje le hizo obtener una pensión del presupuesto real y alojamiento en el palacio de Aranjuez, que conservó más de sesenta años y en donde era visitada por la más alta nobleza y el mundo de la política, lo que dio lugar a no pocos chascarrillos. Murió cuando pasaba de los cien años. Muy aficionada a la música, componía e interpretaba motetes de gran belleza que, sin embargo, han caído en el más profundo olvido. La amanita muscaria. Es el enteógeno más conocido del mundo, utilizado desde el año 6.000 a C. Está muy documentado su uso chamánico, medicinal y lúdico entre tribus siberianas, entre las que es muy apreciada la orina de quienes la han ingerido, ya que contiene su principio activo y no otros que ocasionan algunos inconvenientes (vómitos, náuseas…), pudiendo durar, esa orina reciclada, hasta el cuarto o quinto hombre. El folclore siberiano asociaba la amanita con el abedul, ya que crece en simbiosis con él, y por eso le llamaba “Árbol del mundo” o “Árbol de la vida”. Se especula que su utilización remota en Siberia se extendió por el mundo en la prehistoria, constituyendo el precedente inmediato de todas las religiones. Por eso se la ha identificado con el soma, la planta-dios de la antigua civilización aria que se desplazó en el 2.000 a. C. al valle del Indo y compuso los Vedas; con el “hongo divino de la inmortalidad” o Ling Chih del arte taoísta; y con la “hierba de la inmortalidad” de la epopeya de Gilgamesh de los sumerios. Samorini sugirió que el “Árbol de la vida” y el “Árbol del conocimiento del bien y del mal” del Génesis eran en realidad un solo árbol, el abedul siberiano, y que su fruto no era otro que la amanita. ¿La manzana de Adán y Eva pudo ser un hongo? Hay bastantes muestras en iconografía cristiana antigua que asocian el árbol y la amanita. No se sabe si son representaciones ocasionales, o si hay algo más profundo, que relacionaría el Antiguo Testamento con la ebriedad. Porque nada más llegar a Ibiza en el vapor alquilamos un taxi para que nos llevara hasta este destino apartado que nos recomendó Rafael, el de la Conchi, ya saben. El taxista, muy amable, nos llevó por esos caminos de tierra de la isla pasando por un pueblo que se llama Santa Eulalia y otro que se llama San Carlos, hasta que llegamos a esta cala perdida y alejada de todo, cala Llenya. Está tan aislada que el mismo taxista se quedó algo extrañado de que quisiéramos instalarnos aquí, que por lo visto no viene casi nadie y pueden pasar muchos días sin que aparezca un alma por estos parajes, que es justo lo que nosotros deseamos, como saben ustedes, tranquilidad y alejamiento para estar los tres en contacto con la naturaleza. Quedamos con el taxista que vendría a buscarnos el día 22 de julio por la mañana, pues teníamos provisiones para unos siete u ocho días, eso sin contar con la pesca de la cala, tan abundante, y con los mariscos que se pueden recoger entre sus rocas, y que tanto gustan a Lupe. Ese será el día en que ponga en el correo esta carta que les escribo hoy, 18 de julio de 1936. |










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