Hortensia aparece en la terraza superior de la casa, de estreno, con gorro y todo. Hay una muñeca rechoncha, cráneo hinchado, gran barriga, piernas fofas, desnuda salvo por una banda de tela brillante anudada al pecho. La niña sentada en una mecedora infantil, la muñeca a la derecha con un brazo extendido como si sujetara la mecedora. Los padres del otro lado de la cámara. Quizá ya eran conscientes de la importancia del acto fotográfico, de hecho las fotos cruzaban el océano y llegaban a manos de los familiares, que así iban asistiendo al crecimiento de la niña. Apretaban el obturador por la necesidad de documentar un tiempo exclusivo que de esta manera volaba sobre el océano y era cedido a otras personas, partícipes también de ese tiempo no vivido. Es como si la fotografía, al congelar los segundos y los rostros, permitiera infinitas vidas simultáneas. De hecho, el que yo lucubre sobre la vida del matrimonio García Oliván, personas con seguridad ya muertas, demuestra que su empeño no fue un esfuerzo en vano, que de esta manera los personajes retratados adquieren un tramo más de vida, como una prórroga de la existencia, un tiempo extra fuera de sus propias conciencias, en la imaginación de un desconocido y de sus hipotéticos lectores, los visitantes de este blog.
Archivo de Agosto 2009
Esteban Nicolás Jiménez Kum. Músico de madre alemana nacido en Lodosa (Navarra) en 1825 y muerto en Pamplona en 1877. Hijo de un pobre cocinero, recibió las primeras lecciones de música de un organista ciego, y a los diez años fue nombrado organista a su vez en una iglesia de Pamplona. En 1853 trasladóse a Madrid, donde completó su educación musical al lado del célebre músico Hilarión Eslava y Elizondo quien, presintiendo el porvenir reservado a su joven discípulo, interesóse extraordinariamente por él, prodigándole innumerables consejos. Esto no obstante, no le fue muy fácil abordar la escena, y hasta 1870 no vio representada su primera obra, La gloria ajena y la modestia propia. Los éxitos de Francisco Asenjo Barbieri y de Emilio Arrieta y Corera le relegaron a un lugar secundario, lo que hirió de tal modo su amor propio que contrajo una afección del pecho, siendo inútiles todos los esfuerzos de la ciencia para salvarle y expirando en su tierra natal, Pamplona, adónde había regresado ya en 1875.
“Colón, 3-7-932. Adela Oliván de García. Hortensia a los 8 meses y 27 días”. Sesión en la galería del apartamento, los padres posan alternativamente con la niña. Imagino a Adela revisando las fotos. Quizá lo hacía en largas sesiones, subyugada por la magia del instante atrapado. Juan Francisco seleccionaba copias para su familia y las anotaba. Puede que Adela hiciera lo mismo para su familia, enviar sendas copias de los retratos para que sus padres y hermanos tuvieran, igualmente, prueba de la vida en Panamá. Entonces, debe de haber otro álbum similar en algún lado, sería curioso que se juntaran por azar, dos álbumes muy parecidos, con las mismas fotos del exilio en Panamá. Incluso un tercer álbum, el que coleccionaban Adela y Juan Francisco en Colón. Uno de los sucesos más conocidos fue la utilización de la guerra química, por primera vez de forma masiva en los campos de batalla, por parte de nuestros enemigos. Recuerdo muy bien las acciones de soldados alemanes provistos de fumigadores que cargaban de una mezcla de bencina y esencia de petróleo con la que regaban los edificios destinados a ser destruidos, solamente para provocar mayor devastación. O el empleo de hidrógeno fosforado líquido y de dimetilfosfina, que se inflamaban espontáneamente al contacto con el aire, para preparar los asaltos a nuestras trincheras. Y la no menos salvaje y antinatural utilización de gases asfixiantes, deletéreos y lacrimógenos en batalla, como el gas mostaza, que tenían el aspecto de nubes o neblinas, como yo mismo pude comprobar, y que luego fueron utilizados también en proyectiles asfixiantes con forma de granadas de mano. O el envenenamiento de pozos de agua destinados al consumo humano cuando las tropas teutonas se batían en retirada. Es, quizá, el lado más conocido de la perfidia, pero no el único. Berlín: antes y después de la destrucciónEscrito por: Antonio Cardiel en Berlín: antes y después de la destrucciónReichsatg. Construido entre 1884 y 1894, en estilo renacimiento italiano clásico, con 131 metros de largo y 88 de ancho. En 1916, en plena Primera Guerra Mundial, se le añadió a la fachada las palabras Dem Deutschen Volke (“para el pueblo alemán”). En 1933 sufrió el célebre incendio aprovechado por Hitler para acceder al poder. Pero no se restauró en ese momento, a pesar de que sufrió graves daños, agravados durante los bombardeos de Berlín en la Segunda Guerra Mundial. Los restos de la cúpula se dinamitaron en 1954, restaurándose lo que quedó del monumento en la década de 1960. Después de la reunificación y del traslado de la capitalidad alemana de Bonn a Berlín, se encargó a Norman Foster su restauración definitiva, quien diseñó su actual cúpula de cristal. Desde 1999 es sede oficial del parlamento alemán.
“Colón, 3 de julio de 1932. Hortensia a los 8 meses y 27 días.” Juan Francisco sonríe con su hija en brazos. No hay muchas fotos suyas en el álbum. En parte porque las hacía él. Es curioso, pero la dedicación al papel de fotógrafo suele excluir la querencia a la pose, como si el individuo de detrás de la cámara rechazara colocarse delante, como si el hecho de escrutar por el visor fuera un acto unidireccional, como si al fotógrafo, testigo de la magia de la fotografía, de su carácter espectral, le repugnara ser fotografiado. En todo caso, y como conclusiones provisionales, las siguientes:
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