También se entregaron con saña, como si tales comportamientos estuvieran previamente estudiados, definidos y ordenados por el Alto Mando Alemán, al maltrato de los prisioneros, en contravención del Manual de Oxford del Instituto de Derecho Internacional y de las Convenciones Internacionales de La Haya y de Ginebra. De hecho, los prisioneros fueron utilizados para trabajos vejatorios e ilegales en directa relación con el conflicto, por lo que se veían obligados a cavar trincheras que favorecerían al enemigo. Además, las penosas condiciones de internamiento en campos totalmente irregulares y situados en lugares insalubres como marismas y terrenos cenagosos, la alimentación malsana e insuficiente, el trato vejatorio, los interrogatorios y torturas llevadas a cabo sobre oficiales para que revelaran secretos de guerra, el confinamiento en un primer momento de los prisioneros en lugares donde se concentraba la potencia de tiro de nuestra artillería, todo ello contribuyó a un alto índice de fallecimientos de nuestros soldados y oficiales capturados.
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