Y no terminaría nunca este relato de no ser por la premura de espacio, por eso debo abreviar y mencionar también la utilización de rehenes civiles, como la toma de notables de los municipios ocupados para que respondieran con sus vidas de la seguridad de las tropas allí acantonadas y de la seguridad de los medios de transporte y vías de ferrocarril ante hipotéticos actos de sabotaje. Y las exacciones, requisiciones y contribuciones de guerra que atentaron contra la propiedad privada de civiles, y toda clase de robos y hurtos cometidos ya no solamente por los Estados Mayores de los ejércitos alemanes, que nunca entregaban recibos de cuantos bienes materiales confiscaban, como señala el artículo 56 del Manual de Oxford, o el artículo 52 del reglamento de La Haya, sino por sus tropas dedicadas al pillaje en las localidades ocupadas y devastadas.
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