“11/3/45. Adela de García y su hijito.”
Adela, aunque madura, da impresión de mayor vitalidad, lo contrario que en otras fotos. Ella también deseaba con todas sus fuerzas el nacimiento del varón. Es la última foto del álbum del periodo de vida en Panamá y Costa Rica. En breve, la mudanza, la venta de los enseres que no pudieron trasladar, como el coche, y el embalaje de lo demás, la ropa, los recuerdos, los documentos, el mismo álbum de fotos que Adela debió ir coleccionando, similar a este, durante los 14 años de estancia en Centroamérica. Desde el momento del regreso el álbum pierde su sentido para la abuela. Ya no hace falta coleccionar fotos de las nietas, se acabaron las cartas. La familia se reúne con frecuencia y el crecimiento de los nietos deja de ser un tema fotográfico, su percepción se diluye como los días que pasan, una cotidianeidad que rompe el hechizo de las fotografías. Desde el regreso, el álbum solo recibe catorce fotografías más, todas de Lorenzo García Oliván, el hijo, el nieto favorito. Nunca más aparecerán Hortensia y Pilar, ni Juan Francisco padre ni Adela. ¿Qué será de todos ellos?

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