Bartolomé de Boned y Puig.

Extravagante coleccionista nacido en Barcelona el año 1826 y muerto en la misma ciudad el año 1903. Comenzó su afición en 1854, cuando tuvo oportunidad de adquirir una colección completa de cuerdas de ahorcados de procedencia inglesa recopilada desde el siglo XI, cuerdas que tenían unidos sendos papelitos con los datos de los reos así ajusticiados. Movido quizá por ese golpe de suerte, dedicó su vida a tal afición, habiendo reunido al final de sus días un importante número de colecciones de objetos insólitos y estrafalarios, como la colección de reliquias de santos, la de prepucios de niños circuncidados, la de restos de animales extinguidos, la de cráneos de indígenas de los cinco continentes, la de daguerrotipos de niños y niñas muertos, la de momias medievales, la de instrumentos de tortura, la de mortajas y máscaras mortuorias, y la más llamativa de todas, la de restos orgánicos de personajes ilustres. Sin embargo, en el momento de su muerte sus colecciones se dispersaron, ya que ni sus herederos ni las instituciones públicas quisieron hacerse cargo de su incomprendido legado, circunstancia por la cual se perdieron para la historia objetos de extraordinario valor, como los restos de semen de Napoleón Bonaparte y de flujo vaginal de Juana de Arco.

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