Sepultura de María Bueno i Cardiel, obra del arquitecto Gabriel Borrell y del escultor Josep Rebarter, erigida en 1911. Tiene la siguiente inscripción: “Sepultura de los restos mortales de María Bueno i Cardiel y de su esposo Joaquín Sacristà”. No tengo noticia de que parientes míos vivieran en la Barcelona de comienzos del siglo XX, pero me llama la atención la coincidencia del apellido. Nada es posible encontrar de estas personas en internet o en enciclopedias, como ocurre con tantas otras sepulturas anónimas, miles de ellas en el cementerio de Montjuïc, millones diseminadas por los cementerios de todo el mundo construidos desde el siglo XIX. Es el destino común de la gente, morir y ocupar la memoria de los suyos por espacio de una o a lo sumo dos generaciones, para acabar completamente olvidada. ¿Quién se acuerda de sus bisabuelos? ¿Quién conserva la memoria de las generaciones anteriores?

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