Sepultura de Jaume Puncernau i Pintó, obra del arquitecto Bonaventura Bassegoda y del escultor Rafael Atché, erigida en 1918 y de estilo modernista. Otro entonces vivo y ahora difunto que supo escoger al escultor de su tumba. Sobre la lápida, esta leyenda: “Jaume Puncernau i Pintó nació en Masoteras en 9 de abril de 1839. Murió en La Habana en 17 de abril de 1916. Erigido por orden de Jesús María Barraque y Adue, albacea del finado en cumplimiento de la última voluntad de este”. Quizá el mérito de escoger a Atché no se deba al finado, sino a su albacea. Ninguna referencia encuentro de ninguno de los dos, aunque imagino que ambos debieron ser empresarios catalanes en busca de fortuna en América. Lo cierto es que la memoria de los hombres es limitada, muy limitada, que apenas alcanza, me atrevería a decir, a los hijos si los hubo, y que cualquier esfuerzo por evitar este destino es inútil, incluso en forma de espectacular sepultura.

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