Termino este foto-relato con el panteón de la familia Bonell, que contiene en su interior las sepulturas de Leonor López Tenreiro de Bonell, nacida en Baracoa, Cuba, el 15 de noviembre de 1868, y muerta en Barcelona el 28 de agosto de 1936, y de Pedro Bonell y Martorell, nacido en Barcelona el 22 de abril de 1859 y muerto también en Barcelona el 8 de diciembre de 1925. Es un ejemplo de cómo el arte funerario más exagerado y rimbombante de nada sirve, al fin y al cabo, para perpetuar la memoria de los seres humanos. Todo lo más, un simple nombre en una lápida que ahora nada nos dice, que de ninguna manera identifica al ser humano que lo usó. Esfuerzos vanos, estos de erigir enterramientos de categoría, tanto mejor sería incinerar los restos mortales de los humanos para cumplir directamente sus destinos, el olvido inmediato, que debería coincidir con el preciso instante de la muerte y el olvido de uno mismo.

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