
Foto-30.
Pero ellos también acudían a las celebraciones sociales más típicas, comuniones, bodas, sobre todo bodas de banquetes estereotipados, como este que se ve en esta fotografía. Comensales alrededor engalanados, trajes de domingo en los que a veces los Saka no ahorraban, el niño con el clavel rosa en el ojal, vaya color el de su camisa, y los estampados de las camisas de sus padres. Pero el punctum de esta fotografía es otro. El punctum o clave de esta foto es el único, fantástico e irresistible plato de entremeses del que come el niño, un plato que marca toda una época, el huevo duro y seco en el centro, a los lados el embutido, los maravillosos fiambres del final del franquismo, el chorizo sin denominación de origen, el salchichón con piel sin quitar, los embutidos del color pálido de la carne muerta, el jamón dulce o de York, tan socorrido él, la mortadela de la Italia, la butifarra de los cánones regionales, esa cabeza de jabalí que nadie se comía, cómo no se daban cuenta los de la cocina, o el encargado del restaurante que nadie se comía la maldita cabeza de jabalí en aquellas bodas tan poco sofisticadas, o tan sofisticadas de la primera democracia.


















