
¿Recuerdas el café del hotel Central? Fue testigo de muchas de nuestras tertulias, de nuestras partidas de ajedrez. Te mando una foto en la que se ve el hotel destruido, como casi todas las casas de Heilbronn. Durante meses tuvimos que trabajar retirando los escombros. Aquel primer verano hizo mucho calor y el recuerdo más persistente que tengo es el de los insectos, las moscas que todo lo cubrían, atraídas por el olor de la podredumbre, unas moscas grandes, de reflejos verdes, que se hartaban de comer y volaban como atontadas, que se posaban por todas partes y hacían un ruido que se ha quedado grabado en mi mente desde entonces, y los gusanos gordos y resbaladizos, como un dedo de largos, que cubrían las escaleras y los suelos de los sótanos. Y las ratas, insolentes y grandes como gatos, bien alimentadas de la carroña, que correteaban por las calles como si fueran las nuevas propietarias de la ciudad.













