Cuelgo la entrevista que me hizo Antón Castro para el programa Borradores el día 1 de junio de 2009, emitida en TV Aragón el 14 de junio. En ella hablo con Antón de mi nueva novela, “La crueldad del fotógrafo”, y de los álbumes de fotos que pueblan este Blog, Foto-relatos.
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Encarnación Espinosa Oroz. Ilustre dama y beata nacida en Zamora en 1822 y muerta en Barcelona en 1889. Dedicó la cuantiosa fortuna heredada de su familia a obras de piedad y misericordia, al mismo tiempo que continuaba dando ejemplo de toda suerte de virtudes, principalmente de caridad, asistiendo y visitando a pobres y enfermos, y ejercitando con ellos los más humildes oficios. Sus fundaciones se dirigieron de un modo especial a favorecer a la clase obrera y en gran parte obedecieron a un plan, consistente en establecer institutos diversos según las edades y los sexos, para que los individuos de clases pobres se educasen moral y materialmente, hasta llegar a su completa formación. A este fin creó cuatro salas de asilo, varios colegios para párvulos y talleres donde podían aprender un oficio manual centenares de jóvenes, dos hospitales y tres albergues en donde se proporcionaban comidas económicas a los obreros. Inmediatamente después de su muerte se inició en Barcelona el proceso ordinario para la causa de su beatificación, con instrucción sobre su vida, santidad, virtudes y milagros, celebrándose dos procesos super non cultu y persquisitione scriptorum, donde se examinaron más de 30 testimonios. Durante el tiempo que transcurrió desde la iniciación del proceso se concedieron numerosas gracias de todo género por mediación de esta sierva de Dios, que fueron tenidas en cuenta como hechos milagrosos y que facilitaron felizmente su beatificación.
“Juan Francisco Garcés Vila. Panamá. Colón. 1931”. Juan Francisco sentado en una mecedora, en la terraza de su vivienda en Colón, sonriente, de aspecto lozano. Viste impecablemente, va peinado con corrección, se le ve relajado y contento. Me lo imagino pulcro, ordenado, casi obsesivo, muy correcto, educado y algo autoritario. Su sonrisa delata, quizá, la buena posición que ocupa gracias a su puesto de trabajo, que imagino algo tenía que ver con el Canal de Panamá y las esclusas de Gatún, cerca de Colón. Debió ser un buen trabajador, un empleado constante y poco díscolo, que enseguida escaló puestos en el escalafón de su empresa. Luego, en fotos de 1945, se le verá muy cambiado, en tan solo 14 años pasa de la juventud a la vejez. Ahora debe llevar muchos años enterrado. La voluntad.
Una frase pronunciada por un personaje de Solaris, la película de Andrei Tarkovski basada en la novela se Stanislav Lem: “La Naturaleza hizo al hombre para que la conociese”. Lo que implica varias cosas. La Naturaleza tenía, entonces, la firme voluntad de hacer al hombre, que no sería un accidente sino un designio en esa concepción panteísta. Y lo hizo con una finalidad determinada, que el hombre llegara, mediante la evolución y su inteligencia, a comprender que es hijo de la Naturaleza, a reconocer su ascendencia, y que por lo tanto llegara a idolatrar a su progenitor en una era anunciada de respeto por los valores naturales. Podría estar de acuerdo, pero a mí se me cuela el Azar, que sustituye a la Voluntad. La Naturaleza, así, evolucionaría hacia el hombre accidentalmente, a golpe de mutación y tiempo, y el hombre, a su vez, llegaría a comprender el fenómeno evolutivo para reconocer su progenie accidental y llegar a esa armonía tan anhelada. Queridos amigos, el viernes 19 de junio de 2009, a las 20 horas, presento mi novela La crueldad del fotógrafo, junto a mi editor, Joaquín Casanova, y junto al periodista y escritor Antón Castro, en la Librería Central, calle Corona de Aragón, 40, Zaragoza. Por supuesto, estáis todos invitados.
“14-febrero-1931. Magallanes. Trayecto entre Curaçao y Puerto Colombia. Adela Puig de Garcés.” Las fotos están escritas al dorso, con caligrafía pulcra y meticulosa, por lo que reproduzco entre comillas esas frases. En la foto se ve a una joven y sonriente Adela Puig de Garcés, la esposa de Juan Francisco, el fotógrafo casi siempre de los recuerdos familiares, con un libro entre las manos, sentada en una butaca en la cubierta del buque Magallanes. Curaçao es una pequeña isla frente a las costas de Venezuela, perteneciente a las llamadas Antillas Neerlandesas, cuya capital es Willemstad, o Ciudad Guillermo. Puerto Colombia está junto a Barranquilla. Son las etapas que cubrían los transatlánticos en su ruta hasta América Central. Al parecer, ellos emigraron a Panamá por motivos laborales, de recién casados, instalándose en Colón y creando allí su familia. Cuelgo una entrevista que me hizo Antón Castro en abril de 2007, para su programa Borradores, cuando salió mi novela Un Rembrandt en la basura.
Ricarda de Bejarano y Mendiburu. Literata conocida por el pseudónimo de Ricardo, con el que firmaba sus obras y artículos, nacida en Madrid en 1840 y muerta en la misma capital en noviembre de 1893. Fue una humorista a la manera de Taboada, sin hiel y sin virulencia, y cultivó por espacio de muchos años el género sin emplear jamás su pluma en ofender a nadie, sosteniéndose solo por su gracia castiza y su ingenio. Con el cuerpo torturado ya por la enfermedad que le había de llevar al sepulcro, no decayó, sin embargo, su buen humor ni un momento, y hasta última hora publicó sus regocijadas crónicas que rebosaban sana y franca alegría, lo que aún hacía más extraordinario su empeño. Lo mismo fue en su vida privada, digna, educada, buena ama de casa, abnegada madre de sus hijos, esposa ejemplar y desinteresada. Y sobre todo limpia. Además de un libro de Epigramas, publicó numerosos artículos en El Resumen del Mundo, Nuevo Mundo, Mundo Gráfico, Por Esos Mundos, El Mundo en el Mundo y en casi todos los periódicos de España, de la América latina y del mundo, pues su fecundidad era tan grande como su gracejo.
En marzo de 1932 la señorita de la fotografía jugó un divertido partido de tenis con una amiga. El tiempo era espléndido, una mañana soleada. Consciente del requerimiento del fotógrafo, un amigo o familiar, la señorita ensayó uno de sus mejores golpes. Ese golpe, retenido en la fotografía, es de una importancia capital. Ese y no otros. Como dice Barthes: “Lo que la Fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez: la Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”. Es por eso que este golpe de aficionada tiene una importancia enorme en la historia de la Humanidad, es El Golpe de Tenis Único y Definitivo, congelado para siempre, el brazo en tensión, la raqueta que no se ve debido a la velocidad que le había impelido la muchacha, la pelota ya de vuelta al otro lado. No hubo otro igual, ni habrá otro igual, es un golpe único, y como tal digno de pasar a los anales de la historia, como cada segundo de la vida de cada humano. Lo que sucede es que no somos conscientes del prodigio, que fue la fotografía la que nos puso sobre aviso y que seguimos practicándola con total ingenuidad, sin pensar que cada segundo retratado es y será único y, por lo tanto, patrimonio de la humanidad. Hace algunos años compré en los Encantes de Barcelona un álbum de fotos perteneciente a la familia Garcés-Puig, que emigró a Panamá en 1931. En él se recogen las fotos que hicieron en Centroamérica hasta 1945 y que fueron enviando a Barcelona, para que la familia tuviera constancia de la vida en Colón. Son fotos que documentan la vida cotidiana de la familia, el viaje a Panamá de Juan Francisco Garcés Vila y Adela Puig de Garcés, el nacimiento y crecimiento de sus hijos Margarita, Adelita y Juan Francisco Garcés Puig, las excursiones y los viajes, las celebraciones, las fotos que reflejan el paso de los años… Imagino que mucho tiempo después la propietaria del álbum, Asunción Vila de Garcés, madre de Juan Francisco, o quien estuviera en posesión del álbum, debió morir. Sin embargo, y aunque parezca extraño, sus pertenencias fueron a parar a los Encantes, los muebles, los libros, la ropa, el aguar doméstico… Y este álbum que nadie quiso conservar, o que simplemente se extravió entre otras cosas y que se puso a la venta en un puesto del rastro barcelonés. La memoria perdida, el recuerdo de los momentos felices del pasado olvidado, ahora en manos de un extraño que conjetura sobre el significado del álbum, el álbum de la felicidad extraviada. |








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