
Primera salida del otoño como buscador aficionado de setas. Es un ejercicio que me viene como anillo al dedo. Las sensaciones no pueden ser más positivas, ya que es una actividad que se desarrolla en el bosque, escenario ideal de mi imaginario, uno de los espacios en los que mejor me siento. Uno, en perfecta soledad, va explorando con parsimonia y paciencia el suelo del bosque metro a metro, meticulosamente, a la busca del preciado trofeo. Y de vez en cuando se encuentran setas, decenas de ellas, aunque uno no sea ningún experto y no esté en condiciones de identificarlas. Al rato, hallo mi primer robellón, este sí inconfundible, su sombrero característico, el tallo que al cortarlo sangra, como dicen por aquí, desprendiendo una sustancia rojiza y pegajosa. Luego otro, y otro más, un botín escaso para las dos horas que llevo. A punto de marcharme, en un barranco húmedo entre pinos, recolecto en pocos minutos hasta treinta ejemplares de tamaño medio, en perfecto estado, que me llenan de júbilo igual que van llenando la cesta. Si tenemos en cuenta que es la primera salida de la temporada, que tengo poca experiencia y que dicen que el año no es propicio, puede decirse que ha sido un éxito completo. Preveo frecuentes salidas este otoño, en otoños sucesivos también.

Había creaciones suyas, según el artículo de Destino y allá por 1962, en la Cafetería Lago de Santander, en la Banca March de Mallorca, en el Hotel Mencey de Canarias y en tres establecimientos catalanes:
El Hotel Reina Elisenda de Sant Feliu de Guixols, que fue transformado en apartamentos. Estos apartamentos comparten edificio con el Registro de la Propiedad de esa localidad. Después de algunas llamadas, consigo el teléfono de quien se encargó de transformar el hotel en apartamentos individuales, Josep Morató, quien me dice que cuando se hizo cargo de la reforma y entró en el viejo hotel, hace unos 15 ó 20 años, ya no quedaba nada, estaba totalmente vacío, y duda de que alguien se quedara mobiliario.
El Hotel Alga de Calella, que todavía funciona. Consigo el teléfono del propietario, Xavier Nicolatge; al parecer, se conserva mobiliario antiguo, por lo que le envío una foto de la silla que tengo por si puede ayudarme.
El Hotel Roger de Flor de Lloret. Consigo hablar una empleada que lleva más de 30 años en la casa, quien me dice que el hotel ha pasado al menos por las manos de 6 propietarios diferentes, y que todos ellos hicieron reformas y cambios de decoración. En todo caso, le envío por e-mail una foto de una silla de Marinel•lo por si la reconoce. Pero me contesta que en 1982, cuando la familia propietaria del hotel lo compró, ya no había ninguna silla o mueble de ese tipo.
Como se ve, ni siquiera la obra de Marinel•lo, el mobiliario que diseñaba y vendía allá por el comienzo de la década de los 60 del siglo pasado, ha logrado sobrevivir al paso de los años, como los objetos diseminados en la parada de los Encantes, como su misma memoria, que se desvanece y que intento recuperar con esta reconstrucción.

Un ejemplar adulto de haya, de unos veinticinco metros de altura y una superficie foliar de mil seiscientos metros cuadrados, libera a lo largo del día siete mil litros de oxígeno, lo que viene a suponer unos treinta y cinco metros cúbicos de aire rico en él. Todo el valle de Pineta, cubierto en su mayor parte de bosques de coníferas y hayedos, es un productor incansable del preciado oxígeno que nos alimenta, que nos exalta, que nos estimula y nos embriaga como un narcótico. Esto explicaría la euforia instantánea que me asaltó nada más llegar. Fue como un flechazo: la primera tarde de exploración del entorno de la borda, el paseo hasta el río, la cena en la que devoré los alimentos. La sensación continua de bienestar no se debe solamente al hecho de que esté de puente, liberado de la jornada laboral, dispuesto a explayarme en el ocio y a dormir más de la cuenta. No es extraño, entonces, que me guste tanto permanecer en un hayal. Existe una explicación científica al encanto de los bosques, y es que constituyen un hábitat saturado de oxígeno que de alguna manera nos embriaga con herramientas químicas, acercándonos a un estado de euforia que se puede comparar al que proporciona la ingestión de sustancias enteogénicas. El bosque enteogénico, poblado a su vez de multitud de especies que sintetizan venenos. Todo esto puede explicar el misticismo, la magia, la leyenda que encierran los bosques, donde no es extraño que se documenten apariciones, fenómenos extra sensoriales, sinergias con la vida circundante. De hecho, es como si la vida vegetal entrara en el organismo a través de los pulmones y nos mostrara sus códigos, esas normas emanadas de la asamblea de árboles. Misticismo científico, por llamarlo de alguna manera, república de los movimientos, los colores, los aromas saturados, la podredumbre. De la ebriedad.

El día 13 de abril, por la tarde, me llama Nuria y acudo a su academia. Me ha preparado una fotocopia del artículo de la revista “Destino” del 15 de septiembre de 1962, escrito por Joan Perucho. Además de algunas consideraciones sobre el diseño industrial, del que Marinel•lo era considerado uno de sus principales promotores, se dan algunos datos que completan lo averiguado hasta ahora.
Nuevos nombres ilustres se suman a su larga lista de amistades, tales como José Luis Sert, Prats, Rodríguez-Arias, Benjamin Péret, Carl Einstein, Christian Zervos…
Después de la guerra civil y hasta 1954 se dedica a la decoración, probablemente se trata de la etapa de la tienda en el Paseo de Gracia y la ebanistería de la calle Mozart, cuando hacía réplicas de antigüedades.
Es en 1954 cuando funda con su hermano Antonio la industria de muebles que le llevaría a ganar los Delta del FAD.
Colaboró con los arquitectos Tous, Fargas, Moragas, Bohigas, Martorell, Sivils, Lorenzo…
Sus creaciones son comentadas en las revistas M. D. (Moebel Interior Design), de Stuttgard, “Estile e Industria”, de Milán, y la barcelonesa “Cuadernos de arquitectura”.
Entre sus últimos diseños (1962) cabe destacar un sillón de seis posiciones diferentes, una silla plegable de nopolán con fibras de nylon, otro sillón desmontable, una mesa extensible de varios usos, un bar transportable en el que la mesita se acopla al mueble y lo cierra, etc.

El embalse situado a la entrada del valle, una vez salvado el desnivel que sube desde Bielsa, se construyó hacia 1940 sobre otro anterior y más pequeño que abastecía de electricidad al pueblo. Tiene una capacidad de 400.000 metros cúbicos y una pequeña central de derivación. Recibe las aguas del Cinca y el aporte extraordinario de un canal procedente del río Barrosa. A su vez, otro canal cubierto, de 13 kilómetros de largo, lleva parte de las aguas del embalse hasta la central hidroeléctrica de Lafortunada. Lo que es menos conocido, y sin duda hubiera cambiado drásticamente la fisonomía de todo Pineta, es el proyecto que se barajó en 1947, la construcción de un dique nuevo a la altura de La Sarra, hacia la mitad del valle, con el objeto de crear un gran lago de unos 7 kilómetros hasta la cabecera. De hecho, las obras comenzaron a realizarse mediante la construcción de un canal de desagüe del río. Al hacer las prospecciones en busca de roca donde asentar los cimientos de la presa, no pudo hallarse una base sólida, por lo que se desistió del proyecto. ¿Cabe imaginarse el valle, desde La Sarra al Parador de Turismo de Bielsa, cubierto por un inmenso lago de 7 kilómetros? Solo problemas técnicos impidieron a la Sociedad Hidroeléctrica Ibérica, Iberduero en la actualidad, culminar el desastre, otra vez la desgraciada intervención de los humanos en el medio natural. Aunque todos contribuimos, en una medida u otra, a ese desastre perpetuo que es nuestra mera presencia, ya rehabilitemos una borda o nos paseemos por el bosque tronchando las hierbas.

Y sí, tiene algo que ver, pues la oficina de aquellas reuniones de ERC era de su padre, Josep Fornas, destacado dirigente de esa formación política en la primera democracia. Ha sido una sorpresa mayúscula. Nuria se ha apuntado el nombre de Marinel•lo para preguntarle a su padre este mismo domingo. Su padre es un hombre que goza de buena memoria y que conserva un archivo completísimo de aquellos años, por lo que no será difícil obtener datos de mi investigado. Por otro lado, me comenta que su padre fue secretario personal para el extranjero (se supone que fuera de Francia, en donde el president estaba exiliado) de Tarradellas. Muchos veranos iban de vacaciones a las diferentes casas que tuvo en el país vecino, donde pasaban algunas temporadas, tanto que Tarradellas era, para Nuria, como un abuelo, “l’avi”, me dice. Además, me deja un ejemplar del libro “Cartels de la col•lecció Fornas”, editado por el Parlament de Catalunya, donde se recoge una selección de carteles relacionados con la guerra civil que su padre donó a esa institución en el año 1985. En total, donó 324, una colección magnífica. Josep Fornas, que nació en 1924, fue abogado y editor, así como diputado por ERC en el Parlament de 1980 a 1984, en la primera legislatura. En 1984, al acabar esa primera legislatura, dejó la política.
Unos días después Nuria me dice que su padre se acuerda de Ramón Marinel•lo, que nació en Tarrasa en 1911 y que murió en 2002, que su mujer se llamaba Dolors Olivé, que la revista “Destino” le dedicó, en su número del 15 de septiembre de 19962, un artículo, y que no le suena como miembro de las ejecutivas de ERC y sí como simple militante.

El 9 de abril, por la tarde, sigo, de alguna manera, avanzando en esta reconstrucción dedicada a Ramón Marinel•lo y por un camino que en un principio me parecía impracticable, pues, en un documento que se reproduce más arriba, una convocatoria para una reunión del Consell Executiu de ERC el 26 de agosto de 1976, firmada por el adjunto a la Secretaría General Albert Alay, aparecía un nombre que me resultaba familiar, Fornas. Efectivamente, la reunión había de tener lugar en la oficina Fornas, Avd. Marqués d’Argentera, 17, principal, Barcelona. Y resulta que conozco a una Fornas, Nuria Fornas, pintora y profesora de dibujo de mis hijas y que tiene una academia cerca de casa, en la calle Llull, 78, bajos, que recuerdo que vino a la presentación de mi novela “Un Rembrandt en la basura”, en la Casa del Llibre, y con quien comparto una fotografía que colgué en mi blog “Foto-relatos”. Era imposible, pensaba, que Nuria tuviera algo que ver con esa oficina Fornas de Marqués d’Argentera, 17, y por eso no se lo había preguntado. Pero hoy he entrado un momento en su academia a preguntarle.

Parecería, al contemplar un bosque mixto de hayas y abetos, que los ejemplares conviven en una armonía ejemplar, sin conflicto, aunque esto solo es la fachada. Porque entre un ejemplar de abeto y otro de haya puede darse una lucha que dure años, el tiempo que necesite el uno para extender mejor sus raíces y sus ramas y acabar aniquilando al otro. Cada especie desarrolla sus propias armas, la corteza más gruesa, o la resistencia a determinadas plagas, esas raíces que por su misma morfología se adaptan mejor a la composición del terreno. Parecería, por otro lado, que al contemplar la lucha casi imperceptible entre un haya y un abeto debiéramos aplicar las reglas humanas de la guerra, cuando en realidad ellos no desean la lucha, que se desarrolla al margen de la voluntad, al igual que ellos tampoco diseñan sus armas, que son fruto de la evolución y del azar. Solo nuestra especie ha sido capaz de desear la guerra y diseñar sus armas, en ese ejercicio continuo de voluntad en que consiste la civilización.

Finalmente, Inés de Rivera contesta a mi correo con este:
“Sr. Antonio Cardiel.
Desde la muerte de mi tía abuela, viuda de Ramón Marinel.lo, el pasado mes de marzo de 2009, no hemos tenido prácticamente contacto con los vecinos de mi tío abuelo Ramón en la calle Manuel Girona, y por lo tanto supongo que esta es la razón de no haber recibido ninguna noticia sobre dichos documentos ni sobre usted mismo. De todos modos agradezco su interés por la figura de mi tío y espero poder serle útil en su trabajo, siento cierta curiosidad sobre cómo y donde encontró dicha carpeta, y que tipo de información desea que le aportemos. Sobre su segundo mail, simplemente explicarle que no consulto habitualmente la dirección de correo donde me remitió este mail, y menos en periodo vacacional de la URV.
Atentamente,
Inés de Rivera.”
Le explico en otro correo toda la peripecia vivida hasta el momento, el hallazgo de la carpeta en los Encantes, los documentos que había en ella, la donación en curso al MNAC y las lagunas que me gustaría rellenar con su testimonio, lo acontecido desde su nacimiento hasta la época surrealista, o los sucesos de la guerra civil, o sus actividades de 1940 a 1957, o cómo vivió al final de su vida, desde 1980, períodos todos ellos sin documentación. Le explico que también me gustaría hablar con personas que le conocieron para que me hablen de su carácter, de su forma de ser, cuantos datos puedan aportar.
Sin embargo, a pesar de haber insistido alguna vez más, nunca he vuelto a recibir correos suyos, por lo que el interés inicial se queda en nada.

El bosque es más inclasificable de noche. Entonces, un rumor distinto se apodera de su atmósfera, grillos y cigarras frotando sus extremidades, aves nocturnas, el viento que se ha detenido y que deja paso a ese otro rumor si cabe más enigmático y tenebroso que parece provenir de la oscuridad. El ruido de lo negro, de lo oculto, de lo irracional, una herencia esculpida en los genes, el temor ancestral a las fieras que ven en la noche y se acercan a nosotros en silencio. Pero ya no quedan fieras en estos bosques, lobos, osos, monstruos cinematográficos, razas perdidas y parecidas a la nuestra, serpientes, tarántulas venenosas. Habrá que buscar la fiera en cada uno, en el interior, que es de lo que se trata. Afuera la noche es densa, no se ven luces de las casas que no existen, no circulan coches por la carretera. La luna todavía oculta tras las montañas.
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