
Francisco Antonio Cuadrado Balenciaga.
Aventurero y tratante de esclavos madrileño nacido en 1803 y muerto en Galapagar en 1870. En 1831 embarcó como marinero en el bergantín negrero Tercer Cid, del que poco después se hizo contramaestre. Con los productos de la venta de los esclavos en Cuba, fletó un barco con el que apresó un bergantín portugués que llevaba más de 400 negros a bordo, pasando a cuchillo a la tripulación y haciéndose con el botín. Dedicóse a partir de entonces a ese lucrativo negocio entre La Habana y África. Hacia 1835 desembarcó en Gallinas, lugar de la costa occidental situado entre Sierra Leona y Monrovia, en busca de nuevos esclavos, habiendo entablado conversaciones con los jefes de las tribus antropófagas indígenas, intimando con ellos y casándose con una hija del más poderoso de los clanes. Estableció entonces diversas factorías en dicha costa para el tráfico de esclavos y para la venta de material de guerra, llegando a armar a un pequeño ejército de nativos con el que obligó a todos los reyes vecinos a rendirle vasallaje. Una vez aseguradas sus factorías, regresó a La Habana en 1841, momento que aprovecharon los ingleses al mando de Spencer para hacerse con las colonias y pasar a cuchillo a los comerciantes españoles allí asentados. Hacia 1849 abandonó la isla de Cuba para regresar a España, instalándose en Galapagar, después de haber residido un tiempo en Sicilia, ciudad en donde murió en 1854 víctima de locura furiosa, dejando una hija llamada Cecilia y un hijo mulato que residía en Gallinas de cuyo nombre no hay constancia.
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El fotógrafo tomó dos instantáneas sucesivas de la ría, las dos desde el puente de Isabel II, una enfocando hacia el ayuntamiento, esta más hacia la derecha. Ni un solo automóvil puede verse en el muelle del Arenal, hay gente que camina y un carro tirado por un caballo. La fotografía está llena de detalles, barcos, marineros, paseantes, da gusto perderse entre ellos, ahora, en aquel tiempo lejano.
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Tiempo después, pude localizar la dirección en Barcelona de las hermanas Hortensia y Pilar García Oliván. Decidí hacerles una visita con el propósito de devolverles sus fotografías y charlar un rato para, si lo deseaban, que me explicaran algunos detalles de su vida y poder así contrastarlos con mis suposiciones. Tuve que llamar a la puerta insistentemente. Nadie abría. Ya estaba a punto de marcharme cuando sentí una voz desde el otro lado que preguntaba: ¿Quién es? Algo más tarde, una anciana me abrió la puerta unos centímetros, sin atreverse a quitar la cadena. Era Pilar García Oliván, muy envejecida, pero con la misma cara de las fotografías que yo tanto había mirado. Le expliqué el motivo de mi visita, el álbum de su familia, cómo lo había encontrado, lo que pretendía, pero no quiso saber nada. No quería recordar nada del pasado. Era evidente que le resultaba muy doloroso. Sostuvo una fotografía de ella y su hermana Hortensia entre sus dedos, asombrada de que hubiera llegado a sus manos de manera tan extraña. Pero no quiso recuperar su álbum, que yo le ofrecí sin contrapartidas. Al final, aceptó quedarse con la fotografía que tenía entre sus dedos y cerró la puerta.
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Otra vista de la ría de Bilbao, con el ayuntamiento de la ciudad al fondo, el buque El Gallo a la izquierda. La fotografía debió ser tomada desde el puente de Isabel II. Vuelve a nosotros un Bilbao que ya no existe, o que no dejará de existir en documentos como este.
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“11/3/45. Adela de García y su hijito.”
Adela, aunque madura, da impresión de mayor vitalidad, lo contrario que en otras fotos. Ella también deseaba con todas sus fuerzas el nacimiento del varón. Es la última foto del álbum del periodo de vida en Panamá y Costa Rica. En breve, la mudanza, la venta de los enseres que no pudieron trasladar, como el coche, y el embalaje de lo demás, la ropa, los recuerdos, los documentos, el mismo álbum de fotos que Adela debió ir coleccionando, similar a este, durante los 14 años de estancia en Centroamérica. Desde el momento del regreso el álbum pierde su sentido para la abuela. Ya no hace falta coleccionar fotos de las nietas, se acabaron las cartas. La familia se reúne con frecuencia y el crecimiento de los nietos deja de ser un tema fotográfico, su percepción se diluye como los días que pasan, una cotidianeidad que rompe el hechizo de las fotografías. Desde el regreso, el álbum solo recibe catorce fotografías más, todas de Lorenzo García Oliván, el hijo, el nieto favorito. Nunca más aparecerán Hortensia y Pilar, ni Juan Francisco padre ni Adela. ¿Qué será de todos ellos?
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La ría de Bilbao, los barcos atracados. En primer término, se ve a un niño como único tripulante de la barca. El niño mira directamente a la cámara, consciente de que estaban haciendo una fotografía. En tierra, un hombre de espaldas y otros dos muchachos que se acercan al fotógrafo, sus pantalones cortos, una mano que protege de los rayos del sol.
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Efrén Funes Guara.
Hereje nacido en Ávila, en 1837, y muerto en la misma ciudad en 1880. Se le debe la fundación de la secta de los Alumbrados, como así se hacían llamar, que fundó en un pueblo perdido de la sierra abulense. Su doctrina no tenía otro fin sino injuriar la fe católica, pues carecía de fundamentos filosóficos y morales, y abogaba en contra de los Sagrados Sacramentos, habiéndosele conocido casos de celebración de misas negras con profanación de objetos de culto robados en iglesias rurales. Eran también, Funes Guara y sus acólitos, tanto varones como hembras, que de todo había en su secta, contrarios al sexto mandamiento, por lo que se entregaban en los claros de bosque, en noches de luna llena de verano, a tumultuosas y horripilantes orgías que prolongaban hasta el amanecer. Fueron acusados por la Inquisición en 1859 de destructores del pudor y de la santa honestidad, de las buenas costumbres y de la santidad del matrimonio y, por último, de destructores del dogma católico del sacramento de la penitencia, pues ningún arrepentimiento manifestaron en el proceso llevado a buen término en 1860. Funes y Guara y trece más fueron condenados a presidio, habiendo salido de la cárcel en 1868 debido a la amnistía concedida por los revolucionarios. Terminó sus días en Ávila, viviendo amancebado y en pecado continuo.
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“11/3/45. J. F. García y su hijito.”
Nacimiento del anhelado hijo varón, que acaparará las fotos hasta el final del álbum. Es el niño deseado, que se llevará con sus hermanas 14 y 12 años. Debió nacer a finales de 1944 o comienzos de 1945, por lo que en la actualidad tendrá 65 ó 66 años. El final de los sinsabores de la pareja, aunque les coja un poco mayores. El hijo tardano que viene a endulzar la madurez. La satisfacción de Juan Francisco. Pronto regresarán a Barcelona, en plena posguerra, a iniciar una nueva vida. Sin embargo, para el pequeño Lorenzo el periodo de estancia en Panamá debió dejar poca huella, salvo por estas fotografías que ya no tiene.
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La ría de Bilbao en la década de 1920. Se ve el puente transbordador Vizcaya que une las localidades de Portugalete y Getxo. Es el más antiguo del mundo en su género y está activo desde 1893. A la izquierda de la fotografía, un hombre pasea con las manos cruzadas tras la espalda, solo, tremendamente solo 90 años después.
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“Niñas Hortensia García (con patines) y Pilar García. A la izquierda de la fotografía, la entrada de la casa donde vivimos.”
Después de la estancia en Costa Rica, los García regresan a Colón y cambian de casa. Hortensia tiene ya 13 años y Pilar 11. Todo el mundo tiene su álbum de fotos, más o menos completo y mimado. Y las situaciones se repiten con insistencia. Hablar de estos álbumes es hacerlo al oído de media Humanidad, expuesta a extraviar su pasado de la misma forma que los García. Con el tiempo, el número de álbumes que existen ha ido creciendo, debe de haber millones, y por eso crecen también las posibilidades de extravío. No es incongruente vaticinar que muchos de esos álbumes cambiarán de manos, sean cuales sean las causas (muerte, mudanza, separación, desidia…) y que será posible adquirir la memoria ajena como quien compra libros de segunda mano, o cuadros, ropa, muebles. Será posible especular con la vida de los otros como quien practica un juego novedoso.
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